Usandizaga una vez más boqueó, como para no perder la costumbre. Pero lo preocupante, lo que más resulta inexplicable, casi imperdonable, es que muchos, pero muchos canayas avalan sus dichos con entusiasmo. Da la sensación de que cada vez que este hombre dispara palabras de claro tinte violento, los CENTRALISTAS, los mismos que nos vanagloriamos de fieles y pasionales, perdemos la memoria y adherimos al fervor destructivo del presidente. Primero fueron Madelón, el Vita, Belloso y la despedida que más pareció expulsión, del irreprochable Raldes, luego siguieron Russo, el Lucho, Kempes expuesto con un contrato que redundó en cientos de miles de dólares de pérdida para Central, el Kily (transformado en un brujo digno de ser calcinado en la hoguera del vasco justiciero) y ahora, increíblemente, el Chacho. Y vendrán más. La estructura mental de Usandizaga, mezcla de delirante y demagogo (porque nadie sabe más que un político sobre cómo lograr réditos con el discurso) difícilmente vaya a modificarse a esta altura de su vida. Está claro que el tipo no tiene intenciones de preservar a nadie cuando busca disipar las consecuencias de sus rotundos fracasos dirigenciales. Utiliza siempre la archiconocida fórmula. Lo increíble es que le siga dando resultados. Y ahí empezamos a tallar nosotros, los hinchas. ¿Cómo es posible que permitamos con inconcebible indiferencia que se manosee nuestra pertenencia? ¿Cómo nos prestamos a este juego perverso de político manipulador, el que es absolutamente conciente de que cambiar el eje de la atención lo libera de responsabilidades urgentes, tales como, por dar sólo un ejemplo, responder qué se hizo con los 100.000.000 que pasaron por la institución, dejando como resultado 5.000.000 de déficit? Este es el mayor daño del paso de Usandizaga por Central. Porque a la corta o a la larga (espero que sea más lo primero que lo segundo) los canayas nos veremos las caras otra vez. Y unos cuantos deberán sincerarse y admitir que miraron para el costado mientras este hombre y los inertes funcionales de la CD (por mantener silencio SIEMPRE), hirieron nuestro patrimonio más querido: LA IDENTIDAD CANAYA. Mea culpa, señoras y señores. Es el primer paso que da una persona madura. Evidentemente muchos canayas siguen creyendo que los padres son perfectos. Aunque vivan haciendo cagadas. Por mi parte, hace rato que los caudillos me generan desconfianza y que intento asumir mis responsabilidades. Y que tengo claro, sobre todo, que lo importante es CENTRAL. Y cuando digo CENTRAL digo esencia, digo pueblo, digo historia, digo laburante, digo amor, digo fidelidad, digo compromiso, digo pertenencia. En fin, digo CENTRAL. Siga Usandizaga. Siga prendiendo ventiladores que destilan excrementos. De hecho tiene muchos que lo ayudan a apretar el botón. Pero le aseguro, como canaya y mujer que desde chiquita desprecia a los cobardes y a los mentirosos, que llegará el día en que no pueda caminar por Rosario. Porque siempre habrá un canayón que le recuerde su falta de ética y lo poco que le interesó CENTRAL, el puro e intocable CENTRAL, cuando tuvo el mayor de los privilegios: ser su Presidente.
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